Geir Jenssen es un hombre pausado.Tiene 45 años, y pocas veces sale de la pequeña ciudad de Tromsø, y cuando lo hace casi siempre es para practicar alpinismo, una de sus pasiones.Hace poco coronó el Cho Oyu, uno de los catorce ochomiles, sin oxígeno.
Su ciudad es pequeña, y se sitúa 400 Km. o tal vez más, al norte del círculo polar ártico. Posee abundantes récords absurdos, todos ellos relacionados con su ubicación: la iglesia más septentrional, la biblioteca más septentrional, el centro comercial más septentrional, la fábrica de cerveza más septentrional, etc; es en definitiva, la ciudad más septentrional del mundo.

Su otra pasión es la música, en la que ha desarrollado una larga carrera, desde los años 80, cuando consiguió un relativo éxito con un grupo de tecno-pop, Bel Canto.Poco después se alejó del grupo para continuar su carrera en solitario en su proyecto ambient Biosphere, aunque sus 11 discos nos dan una media de un disco cada 2 años, algo poco común para alguien que trabaja sólo y desde casa. Él prefiere tomarse las cosas con calma.
Si no se encuentra inspirado para componer, prefiere darse una vuelta con su moto de nieve por las montañas que rodean Tromsø. Sorprende su reciente anuncio en su web oficial: “There will be no more Biosphere concerts in 2008. I am tired of flying. I hate airports, security checks, unhealthy food, air conditioning, hotels, etc. Back to nature!”
Al escuchar alguno de sus discos, nos damos cuenta de que ambas actividades, música y alpinismo, tienen en común un sentimiento profundo, cercano quizás al espíritu romántico de Friedrich por una parte, y por otra esencialmente bello al estilo de las composiciones de Erik Satie.
Estrictamente en lo musical, es difícil encontrar influencias en su estilo, llamado por la compulsivamente etiquetadora prensa musical artic ambient. Acaso las primeras composiciones de Brian Eno en la serie Music for airports o los temas experimentales de Eduard Artemiev para las bandas sonoras de Andrei Tarkovsky, pero básicamente es un estilo personal de Jenssen.
Me lo imagino en su estudio, un día cualquiera de la larga noche polar, creando una banda sonora para el momento en el que reaparecen los primeros rayos de sol (as the sun kissed the horizon), o para la hierba que se ha quedado escondida debajo del manto de nieve y que vive latente esperando el deshielo (poa alpina), o para la gota de agua que antes era hielo y ahora se desliza por una hoja de un árbol hasta que lentamente, cae a un charco (kobresia).
O piensa en el miedo visceral que tuvo que sentir el cosmonauta al romperse el cable que lo une con la estación espacial (patashnik). O en cómo compondría hoy Debussy un diálogo entre el viento y el mar si tuviese un sintetizador (spindrift). O recordando lo que sintió en la cima de una montaña observando el paisaje (chukunkg). O en el lento y eterno avanzar de un glaciar que con paciencia erosiona y rompe la dura roca (cirque). Porque no estamos en Finlandia, aquí no hay bonitos lagos y bosques de abedules. Esta es la tierra de los fiordos, hechos de roca, agua y tiempo, y su música es así, terrible y bella.
Geir seguirá escalando, pero siempre se llevará un equipo de grabación, porque en cada montaña el viento suena distinto, el silencio suena distinto. Pero no parará de extrañarse que haya gente, en las ciudades de medio mundo, que aprecien y disfruten su música. “¿Cómo es posible si nunca han estado aquí, en esta ciudad a 400 Km. o tal vez más, al norte del círculo polar?”
Discografía seleccionada:
Substrata (1997)
Cirque (2000)
Shenzou (2002)
Cho Oyu 8201m (2006)




1 comentarios:
Un gran post. Me alegro de que por fin te hayas animado a escribir.
PD:Los interminables bosques y lagos y una orografía poco abrupta hacen que el paisaje de Finlandia, bello en principio, termine pareciendo aburrido y monótono.
Un saludo.
Comentario por Leif Noviembre 7, 2008 @ 2:51 am |Editar
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