Banksy en Palestina

30.12.08


Anciano palestino: "Pintas el muro, haces que sea bello"
Banksy: "Gracias"
Anciano palestino "No queremos que sea bello, odiamos este muro, vete"


web oficial de banksy

Judaísmo vs Sionismo

A modo de premonición sobre lo que nos deparará 2009 asistimos estupefactos a la escalada de violencia en Oriente Próximo. Sorprende la, cuando menos, pasividad de Occidente. En los casos de los políticos conservadores la pasividad se torna en un descarado apoyo a Israel.

Para situarnos en un entorno cercano, y a sabiendas de que las comparaciones son odiosas, imaginemos que ETA rompe una tregua con el gobierno español, tal y como sucedió hace exactamente dos años. Si el raciocinio español fuese como el israelí, el ejército español hubiese bombardeado Herriko tabernas y sedes de ayuntamientos bajo el mandato de los abertzales. Quizá esta idea excite a la derecha más rancia de este país, pero objetivamente no es un buen punto de partida más que para una espiral de violencia y rencor.

Un trauma nacional como fue el 11M supuso 192 víctimas mortales. En Gaza rondan ya los 350, a la expectativa de una invasión terrestre. Tanques contra piedras. El presidente electo americano defrauda por primera vez con su silencio, recordemos que ha prometido a los lobbys judíos su total compromiso con la seguridad de Israel.

¿Y ahora qué? A nadie le extrañaría un ataque iraní sobre Israel, lo cual desencadenaría la tan buscada guerra con ese país por parte de Estados Unidos, recordemos el incidente en el estrecho de Ormuz...

Espero que sepamos sobreponernos a la demagogia y al pensamiento fácil que tachan a un pueblo entero de terrorista. Una muestra de ello:



Françoise Truffaut

21.12.08

Jean Cocteau, François Truffaut, Jean-Pierre Léaud y Edward G. Robinson. Cannes, 1959.




"Mi vida hasta la fecha ha sido banal, nací el 6 de febrero de 1932, hoy es 6 de marzo de 1949, tengo diecisiete años un mes y seis días, he comido casi todos los días y he podido dormir casi todas las noches, he trabajado ya demasiado.

No he tenido satisfacciones ni alegrías. Amo el arte y particularmente el cine, considero al trabajo como una mera necesidad y a aquellos que no aman su trabajo como quienes no saben vivir, detesto las aventuras y trato de evitarlas. Tres películas por día, tres libros por semana y la música de los grandes me bastarán hasta el día de mi muerte a la que temo.

Mis padres lo son por azar y los considero como a extraños. No creo en la amistad ni en la paz. Si miro por demasiado tiempo al cielo la tierra me parece un lugar horrible.

Todos vivimos en el barro; la diferencia es que algunos miramos a las estrellas"

François Truffaut, 1949.

La biblioteca Beinecke

15.12.08





La biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos es un edificio de Gordon Bunshaft situado en el campus de la Universidad de Yale. Debe su nombre a la familia que hizo la donación económica para levantar el edificio, y está diseñada a modo de urna protectora para los libros. El alabastro en la fachada permite mantener un ambiente adecuado en el interior para el mantenimiento y conservación de los ejemplares que se custodian.


En ella se guarda, por ejemplo, el manuscrito Voynich, un misterioso texto escrito supuestamente a finales del siglo XV o principios del XVI. El manuscrito está redactado en un lenguaje desconocido, pero no inventado, según los lingüistas consultados. Tiene patrones de lengua usada, por lo cual se descarta que sea un texto escrito aleatoriamente con el simple objetivo de gastar una broma. En él han trabajado criptógrafos de los servicios secretos americano e inglés sin resultados que hayan trascendido.


Por las ilustraciones que adornan partes del texto, se supone que es un tratado sobre botánica y astronomía. La información astronómica acierta al describir constelaciones astrológicas, pero ciertas plantas dibujadas no han conseguido ser identificadas. Así mismo algunos autores revelan la inquietante opción de que el autor del manuscrito conociese y supiese utilizar la energía nuclear.

Sobre la autoría del texto todo son especulaciones, aunque las más racionales atribuyen el manuscrito a Roger Bacon, filósofo, escritor, y cabalista del siglo XII, aunque la mayoría apuntan a John Dee, astrónomo, ocultista y filósofo hermético y también cabalista del siglo XVI.

Todo son especulaciones, pero debería resultar motivante darnos cuenta de que no hace falta inventar misterios, conspiraciones o santos griales para, por ejemplo, escribir un libro como ‘El Código Da Vinci’. Tal y como decía el astrónomo Carl Sagan, existen misterios apasionantes, no tenemos necesidad de inventarnos visitas de hombrecillos verdes.

Sobre todo cuando vivimos en una época en la que el ser humano ha asumido su rol de dominador del mundo, de ser omnipotente y omnicognoscente. Si ni si quiera conocemos bien nuestro pasado, y tampoco sabemos con certeza si dentro de cinco minutos va a llover o no…

Información sobre la Biblioteca.
Información sobre el manuscrito.

Todas las imágenes vía Wikipedia.

I met the walrus. Recordando a John Lennon

10.12.08

Hoy se cumplen 28 años (y dos días) del asesinato de John Lennon. Tópicos aparte, Lennon decía verdades como puños, verdades que el mundo todavía no es capaz de asimilar hoy en día. Verdades realmente incómodas.








Director: Josh Raskin
Narradores: John Lennon, Jerry Levitan.
Duración: 5'

Matisse

8.12.08



-Eres como un cuadro de Matisse-, le susurré al oído.

Bella pero sencilla, pensé para mí. Superficial, aunque sin malas intenciones. Buena chica, sí, pero que se quedaba en eso.

Me di cuenta en ese momento de que el polvo que estaba a punto de echar se lo debía a un documental que había visto el día anterior en la cadena estatal para minorías. Conocer que mi pene estaba 1,42 cm por encima de la media española me dio seguridad en mi mismo, incluso me hizo sentir eufórico en el primer momento. Esa estúpida propaganda de que el tamaño no importa había influido, a la inversa, en todos los varones de mi generación. La mayor parte negaba que se lo hubiese medido alguna vez, el pene, de eso estoy hablando. Pero era mentira.

Mi nivel de sueldo estaba por encima de la media del país, pertenecía a ese grupo denominado clase media, media alta. Intelectualmente estaba por encima de la media, mi coeficiente intelectual era de 126. Sexualmente estaba por encima de la media, mi pene era 1,42 cm más largo que el promedio nacional.

Y sin embargo me sentía desdichado por encima de la media.


Con la seguridad que me daba saber que mis anteriores relaciones no habían fracasado por eso, por el tamaño de mi pene, me había lanzado a la búsqueda de una mujer que llenase mis ratos libres y de paso canalizase mis instintos por el buen camino, por el del sexo sano.

Y ahora estaba en el sofá de mi casa, borracho de ron, sentado debajo de una chica morena, que respondía a la etiqueta social de Alicia.

Lo del cuadro de Matisse venía a cuento de que se había empeñado en que le contase qué significaba la lámina que tenía colgada en el salón, 'Desnudo Azul II' de Henri Matisse. Sensualidad, tranquilidad, esencialidad, sencillez, lujo, calma y voluptuosidad, le había dicho. No hizo falta decirle que era una lámina, una copia, porque tampoco lo hubiera apreciado más de ser verdadero, precisamente porque ella era como ese cuadro; no le había mentido. Despreocupada, tranquila, sencilla, y bella.

Y mientras ella sonreía por el piropo de doble filo que le acababa de decir, y que no cogía, porque era como ese cuadro, yo buscaba la forma de desenvolver su cuerpo al ritmo de una música sensual, pero animada. Me había autoimpuesto un eclecticismo sonoro difícil de encajar en la mayor parte de las mentes de mi grupo social. Realmente creo que soy yo el que encajo difícilmente en la mayor parte de las mentes de mi grupo social. Pero al fin y al cabo, todos somos raros para los demás, unos más y otros menos.

Cuando me di cuenta ella había sido más hábil que yo y ya nos había desenvuelto a los dos. Sonrió cuando estableció contacto visual con mi pene ligeramente por encima de la media española, y felices y sonrientes practicamos el sexo seguro en el sofá hasta que yo me vacié y ella se llenó, que al fin y al cabo era lo que cada uno queríamos.

Entonces quedó probada para mí la nula utilidad de la cama para hacer el amor. Bueno, para practicar el coito, porque el amor propiamente creo que nunca lo he hecho. ¿Como sabes si estás enamorado de una persona? Me acuerdo de aquel programa de radio dedicado a solventar las dudas sexuales de los adolescentes del estado, en el que muchas chicas preguntaban ‘¿Cómo sé si he tenido un orgasmo?’, a lo que la presentadora, en vez de fingir uno en directo, contestaba misteriosamente ‘Cuando tengas uno lo sabrás’. Me imagino que el amor será igual. Cuando esté enamorado lo sabré. Es cierto que más de una vez creí estar enamorado, y dije que en la ocasión anterior no había sido amor, que sólo en esta era de verdad. Pero me pasaba igual que a aquellas chicas, que pensaban que habían tenido un orgasmo cuando sólo habían sentido un cosquilleo.

En el mismo documental que me reveló el auténtico valor de mi pene decían que el amor de verdad sólo dura cuatro o cinco años, que es el tiempo justo para que la hembra se quede embarazada, dé a luz, y el macho contribuya a criar el crío un poco, antes de buscar otra hembra de la que enamorarse y revolcarse con ella.

Cuando estaba debajo de la ducha, con el cuerpo cansado y el pene fláccido me acordaba siempre de todos los héroes y heroínas anónimos que provocaron una verdadera revolución social en el mundo: que se practique el sexo sin reproducción. Me imaginaba como sería mi situación si no se hubiesen producido todos esos pequeños cambios en la mentalidad de la gente, si la tradición judeocristiana todavía nublase nuestras mentes; y si la industria de los anticonceptivos no se hubiese desarrollado aún. Saldría de la ducha, la besaría, y pensaríamos dos nombres para la criatura, uno de niño y otro de niña; y haría planes: me buscaría otro trabajo, reduciría gastos superfluos...

Pero cuando salí de la ducha y fui a la habitación, ella se había tumbado en la cama, y la luz azul de la noche se reflejaba en su cuerpo desnudo. Era un cuadro de Matisse. Recapacité lo reconfortante que había sido acostarme con una obra de arte auténtica, no una reproducción, como la del salón. Encajaba perfectamente en la decoración de la casa. Un buen cuadro siempre encaja con la decoración de la casa. Ella creaba en mi habitación ese ambiente de lujo y sensualidad que se respira en un anuncio de colonia femenina cara. Sin quererlo, porque este tipo de cosas no se piensan conscientemente, se me pasó por la cabeza la idea de conservarla. Sin quererlo, me di cuenta de que no quería que dentro de unas horas nos deshiciésemos el uno del otro, porque eso agotaba casi toda posibilidad de conservarla, exceptuando breves encontronazos sexuales ocasionales.

No iba a dejar pasar la ocasión de tener un cuadro de Matisse, que pensándolo bien, no está nada mal. Es mejor que tener un cuadro de Warhol, contradictorio e hipócrita; o uno de Rothko, siempre meditativo, silencioso, y a veces deprimente; o incluso de Tápies, muy intelectual, pero en ocasiones difícil de mirar. Al menos si el cuadro era una mujer, me di cuenta de que prefería un Matisse.

En esos momentos la única información que procesaba mi cerebro, millones de impulsos eléctricos, era buscar la forma de que también ella se enamorase de mí, o por lo menos que me diese algo de tiempo para intentarlo. Triunfó el hemisferio derecho del cerebro, y la única forma que se me ocurrió fue hacerle experimentar el mayor orgasmo de su vida, que pensase que todo lo que había sentido hasta entonces habían sido cosquilleos.

Y excitado por su cuerpo azul, me acerqué a ella, y en la cama, hicimos el amor como nunca ninguno de los dos lo había hecho antes. Sí, hicimos el amor, ahora ya sabía lo que era, y no teníamos nada que ver con la pareja que había echado un polvo en el sofá media hora antes.

27/10/2003





mis escenas favoritas de cine: Tokyo-ga

5.12.08

'Tokyo-Ga' es una película de Wim Wenders sobre el director japonés Yasujiro Ozu. Existe un subgénero de cine que realmente considero muy interesante, el cine sobre el cine. Desde Olivier Assayas con 'Irma Vep', Michael Winterbottom con 'Tristam Shandy, a cock and a bull story', Lars von Trier con '5 condiciones' o el mismo Wenders con 'Relámpago sobre el agua', por nombrar algunos ejemplos más o menos decentes.

Pero sin duda esta película va más allá, al no sólo mostrarnos el (poco) rastro de Ozu en el Japón de los 80, sino también enseñarnos la cultura y la forma de vida japonesa desde la perspectiva de un occidental.

Wenders vaga por Tokyo y se muestra sorprendido por las máquinas de Patchinko, los campos de prácticas de golf en las azoteas, la televisión en los taxis, y nos lo cuenta cámara en mano mientras busca la huella de Ozu. Al final, tal y como está escrito en la tumba del director, la nada, el vacío.

Dos de los momentos más grandes de la película son los encuentros con cineastas. Chris Marker huye de la cámara, se tapa la cara y sólo nos muestra un ojo. Werner Herzog en cambio, habla sobre la pureza de las imágenes y su manera de afrontar la relación arte-naturaleza. Posiblemente sólo se entienda lo que Herzog quiere decir si se han visto y apreciado sus películas. Si se llega a ese punto, el siguiente monólogo estremece:




En la cima de la ‘Tokyo Tower’ me encontré con mi amigo Werner Herzog, que estaba haciendo una escala de dos días en su viaje a Australia. Estuvimos hablando:

“El simple hecho es que quedan muy pocas imágenes.

Desde aquí arriba se puede observar que todo está completamente construido. Hay pocas imágenes para encontrar. Uno tiene que excavar en su búsqueda como un arqueólogo. Uno tiene que buscar a través de este paisaje devastado para encontrar algo. Esto va asociado a un riesgo, por supuesto. Es algo que yo nunca evito, pero veo que hay muy poca gente a la que le importa corregir nuestra falta de imágenes adecuadas. Necesitamos imágenes en sintonía con nuestra civilización, imágenes que resuenen con lo que tenemos en lo más profundo de nuestro ser.


Necesitamos ir a zonas en guerra si hace falta, o a cualquier otro sitio. Nunca me he quejado sobre la dificultad, incluso si eso supone escalar ocho mil metros en una montaña, con tal de encontrar imágenes que sean puras, limpias y transparentes. Aquí no queda nada, hay que buscar realmente.


Iría a Marte o Saturno en el próximo cohete si pudiese. En el programa Skylab de la NASA, por ejemplo, existe una lanzadera espacial que va a llevar a biólogos y otros científicos para probar nuevas tecnologías en el espacio. Yo quiero ir ahí con una cámara. En esta Tierra nunca más será fácil encontrar algo que le dé a las imágenes su transparencia del modo que antes podías.


Iría a cualquier sitio por eso.”


No importa cuánto busque Werner sus imágenes puras y transparentes. Estas son las imágenes que encontré aquí, abajo. El caos de la ciudad. A pesar de todo, no pude evitar impresionarme por la ciudad de Tokio.

Tokyo-Ga (1985), Wim Wenders.